Patrimonio Vivo

José Manuel Sande

31 Oct, 2017

Tags: creadores coruñeses, cómic, animación, ilustración

José Manuel Sande (foto: Alberte Peiteavel)

Este respaldo a un arte consolidado, partícipe de un proceso de esplendor creativo, bien podría resultar una redundancia. Es obvio que el resultado de la publicación que aquí tenéis, auténtico privilegio para el Ayuntamiento y la Diputación de A Coruña, contiene la esencia de un triunfo indiscutido: el de varias generaciones de creadores coruñeses o vinculados a A Coruña, capaces de articular con talento, ilusión y espíritu rebelde toda una pasión, el cómic, la animación, el universo de la ilustración.

La tarea titánica de cartografiar este cosmos, tan personal como de afortunada versatilidad, ofrece una sugerente guía. La importancia profesional de esta obra y el desenfado de una práctica que se combina con otros registros, inaugurando vías de exploración contemporáneas con estímulo lector, explican su compleja relación con el poder, las dificultades con el oficialismo, la necesidad de subversión de dogmas dignos de bostezo. La ironía es pecado para el arrogante; el carácter incisivo, desnudez del poderoso; la imagen trazada, evocación de otras vidas soñadas. Y uno a veces piensa en el humor y la fantasía, en buena medida tan ausentes de las prácticas artísticas y culturales, como elementos indisociables, señales distintivas de estas disciplinas.

La sublimación de esta idea en papel presenta en las siguientes páginas una convivencia a modo de retablo que va de los trazos más finos al vigor desmañado del underground, de la gamberrada al relato burgués, un itinerario donde la histórica imprenta Roel —uno se acuerda de sus apabullantes ruinas— se mezcla con la iniciática publicación Coruña Cómica, y la esencial cita veraniega de Viñetas desde o Atlántico viaja con el despertar del cine de animación, mientras fanzines e historietas remiten siempre a la efervescencia de la etapa de la transición más salvaje y necesitada de diagnosis.

Encontraréis un itinerario histórico lleno de matices y giros semánticos, un catálogo de voces y visiones que si por un lado permite superar el tardío reconocimiento conseguido, por otro comienza a elaborar un opulento imaginario, un carnaval diseñado por 73 creadores deseosos de proseguir su labor. Un carnaval canónico y desenvuelto que discurre in crescendo: audaz, enérgico, plural, lúdico. Y posee vida propia.